Argentina Conversa

Desde hace un cierto tiempo, antes de la asunción del gobierno de Cambiemos, hubo proyectos para reunir a grupos de personas con el fin de charlar, programar y luego pronunciarse sobre la realidad nacional. Especie de think tanks que en muchos casos se formalizaron para dar sostén a relatos, o se convirtieron en fundaciones enfocadas en la filosofía política. Hace no tanto se formalizó un grupo “Argentina conversa”, que ha seguido creciendo y continúa convocando personas o instituciones. Este artículo fundamenta el porqué de la necesidad de fomentar la conversación.

Un horizonte electoral vislumbra el claroscuro de ilusiones y ansiedades en la dirigencia política. Unos por volver al poder y otros esperando mantenerlo. La respuesta de la gente puede ser esperar y ver. También ser proactiva. Distancia entre resignarnos a ser meros espectadores o asumirnos protagonistas. ¿Votantes o ciudadanos? Esta es la cuestión. En la antigüedad los griegos crearon la democracia. La pregunta les hubiese provocado perplejidad. Su dimensión social era inescindible de la política. Solo guardaban para sí la vida privada. Lo público era de todos. En el ágora, plaza de reunión, debatían juntos las cuestiones de la polis.

Volvamos a la Argentina: cómo responder cuando ya no existen ágoras sino urnas. El sistema sociopolítico se crea a sí mismo por decisiones tomadas en el pasado. Y por las que puede seguir tomando. Aquí es donde aparece Argentina Conversa para desintermediar la res-pública aplicando un software cívico de horizontalidad, redes y nodos en intercambios personales o virtuales. Espacio abierto que busca soluciones en lugar de culpables. Sociedad y comunicación coinciden, según el sociólogo alemán Niklas Luhmann. Hablando se entiende la gente, reza el aforismo. ¿Y sobre qué tenemos que hablar? Sobre nosotros mismos: aquello que pensamos, sentimos y creemos asuntos de prioridad en la agenda pública. Nuestras necesidades, intereses y deseos. Aceptando la legitimidad de lo que el otro quiere decir. Coordinando acciones para hallar una verdad superadora del avaro partidismo y la fracción corporativa.

Continuar una larga conversación, iniciada en 1853. Entonces fue el acuerdo básico sobre los valores fundamentales plasmados en el Preámbulo. Se prolongaría en 1912 con el régimen electoral. La reforma constitucional de 1994, otra experiencia exitosa en materia de diálogo y consenso. “¿No será el momento de ir hacia un gran pacto nacional con mirada amplia y generosa que no sea funcional ni coyuntural, dejando de lado mezquinos intereses sectoriales?”, interpeló Mario Poli en el tedeum.

Con Argentina Conversa asumimos un reto en la encrucijada. Conversar como una necesidad urgente y prioritaria de la sociedad argentina. Consensuar mínimas políticas de Estado en temas cruciales. Invitando aliados estratégicos de la sociedad civil al promover la participación ciudadana y el compromiso de la dirigencia. Sin reemplazar a los órganos republicanos. Transformar desafíos y amenazas en fortalezas y oportunidades. El hiperpresidencialismo político, en federalismo y división de poderes. El cortoplacismo y pendularismo económico, en decisiones operativas que perduren. La anomia cultural de un país que suele vivir al margen de la ley, en confianza en las instituciones. Un gran debate nacional formulando un nuevo contrato social. Aprobarlo por la Asamblea Legislativa mediante acta votada con fuerza de ley. Amalgamar legalidad y legitimidad.

¿Por qué en esta oportunidad seríamos exitosos si antes hubo frustración en los intentos similares? El escéptico ya tiene una respuesta: perderemos esfuerzos en reuniones que llegarán a nada. Las conversaciones son un fin y también un medio. Un fondo y una forma. Destino, pero también camino con paradas intermedias, como son las mesas temáticas integradas por los mejores especialistas de cada área. Hoy, la ciencia vino a develarnos lo que la sabiduría popular intuyó: genio y figura hasta la sepultura. Predisposición humana que nos determina a perspectivas divergentes. Inevitable cooperar como individuos para poder sobrevivir como especie. Desde la prehistoria hasta hoy estar juntos resulta más importante que estar de acuerdo. Debemos a ese instinto genético nuestra existencia. El secreto de la conversación pasa por la diferencia y no por la identidad. Según el politólogo inglés Harold J. Laski: el acuerdo para no estar de acuerdo.

Hay progresistas y conservadores, estatistas y liberales, oficialismo y oposición. La diversidad es necesaria y la unidad es posible. Pluralismo que hace a la conversación y conversación que hace a la democracia. Los conversadores serán conversos predicadores en ir reemplazando la “o” excluyente por la “y” integradora. Tenemos los argentinos, cruzando la grieta, una cita con la historia para ser nación. Acudirá Argentina Conversa dándonos a los ciudadanos la palabra, y a los políticos, la posibilidad de escucharla. La democracia es conversación.

Abogado, miembro de Argentina Conversa

Fuente: La Nación

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